Un texto compartido por el actor y maestro Gerardo Trejoluna. Un solidario conocimiento compartido en esta búsqueda de la expresión personal a través de mi misma, conmigo misma, en mi misma. La riqueza de la vida es que los procesos son infinitos.
DESIDENTIFICACIÓN[1]
Falsas identificaciones.
Las falsas identificaciones pueden ser con alguna función del ego (ideas, ideales, valores concebidos…) con algún rol social (el papel de padre, de hijo, de jefe, empleado, maestro…) o con algo del tener (ser rico, poderoso, tener un apellido, prestigio, títulos académicos…) en todos estos casos se esta identificado con una representación, podríamos decir que “la cola mueve al perro”.
Esta seudo-identificación conlleva, como consecuencia, aferrarse a esa representación como si eso fuera el SÍ-mismo, existe mucho sufrimiento hasta no lograr la desidentificación de todo lo que uno tiene pero no es. Este sufrimiento psicológico lo hace el hombre, no es propio de la naturaleza humana.
Detrás de todo este problema está la pregunta fundamental del hombre “¿Quién soy?” para responder a ella es necesario caer en la cuenta de “¿Quién no soy?”, es decir, desidentificarnos, liberarnos existencialmente de esas falsas identificaciones o subpersonalidades que tengo pero no soy. Para poder identificarme con el verdadero SÍ, como centro unificador de todas las funciones, responsable de la orientación de la energía en su representación y armonizador con la realidad que interroga de momento a momento.
Cualquier experiencia de gozo, paz interior o revelación mística, son consecuencia de como vivimos, no pueden ser metas a las que aspiramos. En otras palabras si buscas la felicidad no la encuentras, si vives en armonía con la realidad vives en gozo.
La importancia de la desidentificación está en que “estamos dominados por todo aquello con lo que nuestro YO se identifica, podemos dirigir, dominar y utilizar todo aquello de lo cual nos desidentificamos".
Vivir, experimentar la desidentificación (tengo no soy) es un trabajo individual, es decir, nadie puede hacerlo por uno mismo; es un trabajo de toda la vida, existencial, nunca se puede decir que se ha terminado, pues el ego, centro de conciencia ordinaria en razón de su tendencia a la fijación y a percibir todo bajo el prisma de los contrarios, en concepción dualista y desde la memoria del pasado, tiende a impedir que el YO transpersonal se manifieste.
Este trabajo nos otorga la vivencia de un efecto liberador de un potencial de energía renovada, lo cual se debe al desanclaje de lo determinado, del pasado, de los condicionamientos y de los miedos y de esta manera, el camino se deja libre de obstáculos para que el YO transpersonal se manifieste y asuma sus funciones de unificador de la diversidad de funciones y representaciones, orientador de la energía, determinándola responsablemente en cada situación y armonizador con la realidad concreta, cambiante e integrada.
Antes de llegar a la experiencia de la verdadera identidad, en donde las formas corporales y psicológicas son expresiones permeables del YO transpersonal, es posible pasar por una experiencia de vacío, de muerte del ego
Desidentificación de las funciones psicosomáticas.
El primer trabajo que la persona ha de realizar es el de la desidentificación de las funciones psicológicas y somáticas con que cuenta para representarse.
El hombre cuenta con innumerables funciones corporales, unas que se relacionan con el mundo exterior, como son las de los cinco sentidos y otras que nos sirven para responder a la vida como son las funciones de la digestión, respiración etc. La desidentificación consiste en la correcta conciencia y uso de estas funciones, “Yo tengo ojos, no son mis ojos los que ven, sino YO veo a través de mis ojos, si los pierdo YO sigo siendo YO, YO soy más que mi vista, YO soy Centro Unificador de ésta y todas las demás funciones. YO soy centro orientador, YO elijo que ver, por lo tanto YO soy responsable y YO soy centro armonizador con la realidad concreta, cambiante e integrada. Desidentificarse no quiere decir sin cuerpo, siempre seré corpóreo (tengo cuerpo) pero no me puedo identificar con tal forma de cuerpo, con tal edad, con estar enfermo o sano, todo cambia y YO sigo siendo YO.
También un hombre cuenta con funciones psicológicas, como pensar, imaginar, como los deseos y los impulsos. YO especifico con estas funciones mi forma concreta de relacionarme y representarme de momento en momento, no soy mis pensamientos YO hago mis pensamientos. Si mis acciones son el resultado de mi pensar, ¿cuál es el principio del pensar?, pensar qué pienso, darme cuenta de que me doy cuenta, esto es, ser consciente de que YO soy YO, centro unificador, orientador y armonizador, responsable 100%.
Desde luego debemos caer en la cuenta, y por eso lo subrayo, que estas funciones somato-psíquicas son el medio por las cuales el Sí mismo manifiesta algo de su potencial, determinándose; son indispensables para poder representarse en su relación espacio-temporal con el universo, para ser concreador continuo con el cosmos. Para tomar esta responsabilidad (respuesta hábil), la persona ha de tener correctamente “habilitadas” todas sus funciones psicosomáticas. Desde su nacimiento, la persona va habilitándose en cada una de estas funciones hasta llegar a la plenitud total, y los padres y educadores de la sociedad son responsables de favorecer o estorbar estas habilidades. No se habilitan todas las funciones desde el primer momento, hay que vivir y experimentar una etapa, desidentificarse de esta e incluirla en la siguiente hasta llegar a una etapa superior de desarrollo de las estructuras transpersonales.
Habilitar una función significa desarrollarla, entrenarla, integrarla con otras funciones y sublimarla, es decir, ponerla al servicio del bien total. La habilitación está suponiendo la desidentificación, pues de otro modo no sería posible modificar las funciones, ya que sólo podemos dominar, dirigir y utilizar todo aquello de lo cual estamos desidentificados y estamos dominados por todo aquello con lo que nuestro YO se identifica.
Sin embargo las mismas funciones psicosomáticas, por razón de sus propias limitaciones, de los malos hábitos y los condicionamientos, no solo pueden, sino que suelen estorbar, aun en la conciencia ordinaria, la percepción de la realidad concreta, cambiante, integrada, que interroga a la persona, y a la que ésta tiene que responder, porque es unidad con ella.
Desidentificación de la historia
Tengo historia la reconozco sin represión, sin condenarla, sin justificarla, sin compararla, sin evaluarla…¡así ha sido mi historia!, pero no soy esa historia, no me puedo identificar con mis respuestas pasadas, nunca más se podrá repetir ninguna situación, el ruido de ayer hoy no lo oigo, el sentimiento que creé en la situación de ayer, hoy no lo tengo en la realidad, sino sólo en mi memoria, hoy soy libre de mi pasado, aunque hoy me influye y gracias a él estoy aquí enriquecido, porque cada problema, cada crisis, no es mas que un llamado a desarrollar nuevas potencialidades, que de otro modo quedarían sólo en posibilidad. Hoy edito lo que mañana será mi historia, como hoy yo la prefiera, con toda la riqueza que poseo en mi habilitación gracias a los problemas del pasado. YO soy 100% responsable de mi elección (hoy) y sus consecuencias (mañana).
“Mi pasado y yo”, no son dos entidades separadas, yo he hecho mi historia, sin mi no hubiera sucedido, también en mí está toda la humanidad anterior a mí, sin ella yo no existiría. Al afirmar “tengo historia”, afirmo que mi pasado y yo somos uno, pero que no puedo identificarme con él. “El hombre es lo que no es determinado, y no lo que es determinado; el hombre es una indeterminación que produce su propia determinación”
Desidentificación de las conductas o comportamientos
La primera imagen que hago de una persona, es el resultado de lo que veo, de lo que oigo, de lo que siento, de lo que huelo…es decir todo lo que registro a través de mis sentidos. Se llama comportamiento o conducta todo lo que es “objetivamente” observable en un individuo desde el exterior. El comportamiento es la primera vía de acceso para quienes buscan conocer a la persona humana. Algunos psicólogos (conductistas) reducen el conocimiento de la persona humana a esta categoría. Cuando la sicología de la conducta no se toma de forma reduccionista, sin duda es de un valor para la comprensión de la naturaleza humana, pero la persona humana no es sólo conductas.
La conducta es una dimensión esencial del ser humano. Es imposible imaginar a un ser humano sin comportamiento. Desde que un ser humano existe comienza a manifestarse a través de determinado comportamiento, simple o complejo. La conducta, zona periférica del ser humano, es siempre neutra en cuanto a los valores y su significación. No existe significación universal del comportamiento. Una conducta no es en sí misma ni buena ni mala. La conducta es ciertamente la expresión del dinamismo interior de la persona y, en ese sentido esta cargada de significación, pero cada vez que se atribuye un valor a determinada conducta declarándola buena o mala se expresa un resultado de una interpretación, interpretación que implica las otras dimensiones de la personalidad. Con mayor comprensión podremos utilizar conducta constructiva y conducta destructiva.
La desidentificación de las conductas que realiza la persona es indispensable, precisamente porque son sólo representaciones del YO transpersonal. “YO realizo mis conductas (no existen sino las realizo, y sólo existen mientras las estoy realizando). Soy 100% responsable de cada una de ellas y de sus consecuencias, pues yo la elijo entre muchas posibilidades, de momento en momento, pero yo no soy ninguna de estas conductas”.
Las conductas son comportamientos aprendidos y se podría decir condicionados, pero en ninguna forma estamos determinados por nuestros aprendizajes o por los condicionamientos conscientes o inconscientes. El comportamiento consciente es del 5% y el del inconsciente del 95%, sin embargo, a pesar de esa cifra estadística, la distinción entre elementos conscientes y elementos inconscientes es menor de lo que se cree en general, porque consciente e inconsciente son solo adjetivos, condiciones temporales del hecho psíquico, puesto que es el Sí mismo quien se representa en forma inconsciente y es responsable de él. Esta distinción es muy relativa puesto que hay una constante ósmosis entre el campo del consciente y del inconsciente. La mayoría de las acciones están cargadas de muchísimos elementos inconscientes, por ejemplo: hablo, camino, como, saludo, escribo… de un modo inconsciente, aunque 100% responsable y YO puedo modificar mi acción en una u otra forma. Además, el reforzamiento de la personalidad consciente, es la premisa para una asimilación adecuada de los aspectos inconscientes. En cambio la asimilación prematura de las fuerzas inconscientes en una personalidad no preparada y no coordinada, puede ser peligrosa.
Si realizo una seudoidentificación con una conducta, con un modo de proceder, me limito; por esto los hábitos, si bien son un ahorro de energía, al mismo tiempo han de permanecer a disposición del YO transpersonal, del verdadero YO.
Desidentificación de las subpersonalidades o roles
¿Qué se entiende por subpersonalidad? Cuando se le pregunta a una persona ¿Quién eres? Busca una respuesta con la cual lo identifiquen. Esta respuesta suele ser “soy Pablo, soy Marta, soy Agustín…” pero queda claro que así me llaman, pero evidentemente soy más que un nombre, entonces acudimos a la profesión, a una función que desarrollamos en la sociedad, a una relación con la familia o con el título familiar. Aquí podríamos insistir que la pregunta es ¿Quién eres? No ¿En qué trabajas? No ¿Cómo piensas? Etc.
Existen en nosotros diversas subpersonalidades que luchan por ser reconocidas y tomar el mando sobre las otras. La revelación de estas a través de los diversos roles (mamá, hijo, jefe, empleado, maestro…), características (grosero, tímido, creyente, cristiano, alemán…), evidencia, por contraste, la realidad del YO transpersonal, del Sí que observa “desde lo alto” por así decirlo, y que no puede identificarse con ninguna de ellas, sino que es algo o alguien distinto de todas, aunque todas son manifestaciones del sí mismo. Aun en los casos de personalidad múltiple, el YO transpersonal puede volver a reunificar todas estas representaciones.
El YO real es uno, el transpersonal, y tiene diferentes grados de representarse, de manifestarse, de actuar, de conocer. El reflejo es distinto de la fuente luminosa pero no tiene substancialidad propia y autónoma, no es luz diferente.
Se vive bajo la influencia de una subpersonalidad cuando una función se absolutiza sobre las demás por un tiempo, por ejemplo la función de pensar (racionalismo) cuando se manifiesta separada de las demás funciones, o una forma de pensar como única posibilidad (fanatismo), la función de sentir, separada de las demás funciones (sentimentalismo), o el que un sentimiento o emoción se apodera de toda la persona, etc. y esa función “cancerosa”, la que ha tomado el mando, no se presenta permeable al verdadero YO, centro unificador y orientador de la energía.
Los roles o síntesis parciales son aquellas actividades que, por un tiempo relativamente prolongado, ayudan a que la persona ponga todo su interés, atención, repetición de actos y afirmación (quiero), en ellas y de esta manera realice una síntesis, aunque esa síntesis este fuera de la persona misma como por ejemplo: el rol de mamá, de gerente de una empresa,…que en una etapa posterior de la vida se abandona, porque los hijos crecen, por jubilación o por enfermedad…”tengo este rol o este puesto, pero no soy eso”.
Es importante no identificarse con un rol, ya que debemos ejercitar varios y si nos identificamos con uno solo, si ponemos en él todo nuestro empeño, nuestro interés, no podremos desarrollar bien los otros. Además, cuando el desarrollo de la función a la cual la persona se había dedicado casi exclusivamente se vuelve imposible por causas de fuerza mayor (enfermedades, limite de edad, pérdida o lejanía del cónyuge o de los hijos) ocurren crisis graves, derrumbes que pueden producir una enfermedad psíquica. Al contrario, quien haya sabido distribuir oportunamente los propios intereses vitales, su atención interna y sus energías en las diferentes representaciones que la vida lo ha llamado a desarrollar y en aquellas que libremente ha escogido, sabrá encontrar compensaciones, utilizar talentos y desarrollar actividades que antes había descuidado.
Puede decirse que la “autenticidad” y por lo tanto, el valor humano ético y espiritual de nuestro comportamiento consiste, esencialmente, en la intención con la que se actúa, el fin al cual se dirige y también en la sabiduría y en la habilidad técnica con que actuamos y desempeñamos nuestras síntesis parciales.
Desidentificación de los modelos
Siempre procedemos por modelaje, nada realizamos si no tenemos en la mente un “modelo”. Son modelos todas esas formas aprendidas, los condicionamientos, las grabaciones mentales, los conceptos del pasado, los prejuicios, las experiencias pasadas, las costumbres, las tradiciones,…Cuando no se está desidentificado de ellos, estos son como unos prismas que impiden percibir directamente “lo que es” (la realidad); en cambio cuando se está desidentificado de ellos, se esta libre y se les puede utilizar correctamente como señaladores de la realidad.
Debemos darnos cuenta de que cada uno de nosotros tiene dentro de sí muchas imágenes de sí mismo, de su propia personalidad. Estas imágenes son diversas por su naturaleza y origen, y muchas veces están en conflicto entre sí. Adquirir clara conciencia de estas distintas imágenes, es una preparación necesaria para la desidentificación. Indicaremos brevemente las distintas clases de imágenes que tenemos de nosotros mismos y las que otros tienen y proyectan sobre nosotros:
a). “Lo que creo ser”. Existe una falsa identidad en el automodelo mental cuando me comparo con otro en lugar de ver mi propia identidad (Yo soy distinto, único , irrepetible, sin compararme con nadie). Esta comparación suele tener dos aspectos: las imágenes de mí mismo en las que me afirmo sobre valorándome y aquellas en las que me desvaloro. Para salir de estas subpersonalidades se ha de buscar el despertar del yo transpersonal para experimentar la dignidad espiritual propia del ser (soy pura energía, ser en relación, conciencia pura) y después una justa apreciación con relación a la habilidad que he adquirido en mis diversos instrumentos psicosomáticos.
b). “Lo que deseo ser”. Cuando lo que yo deseo ser o me gustaría ser, es imitar a otro (quiero ser medico como mi padre…), al identificarme con la otra persona, me enajeno de mí mismo. En estos casos es necesario desidentificarme de todas esas imitaciones. Desde luego es conveniente tomar modelos ajenos valiosos y observarlos pero sin identificarme con ellos, sino hacerlos propios. La única solución es “yo soy yo, distinto a otro, único e irrepetible, y yo soy el único que elige mis respuestas ante la realidad dada que me interroga de un modo singular y cambiante de momento a momento, yo soy lo indeterminado y no lo determinado, tengo indefinidas posibilidades de manifestarme”
En los modelos de “lo que deseo ser” también se puede fracasar por que el modelo que elijo no es concreto o no incluye el proceso para lograrlo, por ser un modelo irrealizable. Con frecuencia en la adolescencia y juventud, se sueña con ser artista, profesionista, ser esposo…pero sin poner los medios necesarios para llegar a ser.
c). “Lo que otros creen que soy” Todos ponemos etiquetas, pero es necesario estar confirmando esas etiquetas como se hace en una alacena; las etiquetas que otros me han puesto son las imágenes que otros tienen de mí y reaccionan conforme a ellas. Cada una de estas imágenes es distinta y no es raro que sean contradictorias. Yo también pongo etiquetas, y convendrá tener en cuenta que las gentes con las que me relaciono no son esas etiquetas. “Yo soy yo, tú eres tú, no eres un concepto, ni una imagen que yo haga de ti, por más que quiera justificarlas por condicionamientos observados repetidamente en ti”.
d). “Lo que otros esperan que yo sea”. Conforme a los condicionamientos y expectativas que cada uno tiene y se ha formado sobre mí, según sus deseos o preconceptos. Estos condicionamientos nos dan seguridad de cómo son o cómo deben ser las cosas y los comportamientos. Es necesaria una continua desidentificación y desapego de mis condicionamientos: formas de pensar, de sentir, de desear, saber correr riesgos en la vida sin protegerme de los cambios reales. “Yo soy yo, tú eres tú, no nací para llenar tus expectativas, no naciste para llenar las mías”. Sólo se trata de representaciones no toca al nivel del sí mismo.
e). “Los modelos aprendidos que son inconscientes”. Modelos que las otras personas o situaciones evocan en mí, y yo repito como modelos aprendidos y ya introyectados al inconsciente; son los más difíciles de reconocer por este hecho. Sólo son reconocibles a través de las reacciones de los demás. En lugar de luchar contra ellos, es necesario crear nuevos hábitos.
f). “El baile de máscaras, el carnaval”. Son, en un sentido no peyorativo, las máscaras y representaciones que elijo por vanidad, para relacionarme o para sobrevivir. Elegimos el escenario, el vestuario y la representación múltiple de cada día y momento, según nos encontremos ante una mujer, un hombre, un grupo determinado…Son máscaras distintas para cada una de nuestras relaciones interpersonales y sociales.
Es en la situación actual, existencial, en la que las diversas imágenes y modelos de sí mismo (que con frecuencia constituyen verdaderas sub-personalidades) coexisten y luchan entre ellos. Estos conflictos suscitan, no rara vez, en el sujeto, un sentimiento de incertidumbre, de extravío, y pueden llegar a producir distintos desequilibrios neuropsíquicos.
g). “El modelo ideal”. Es el que yo elijo y trabajo por alcanzar. El método consiste en hacer uso del poder creativo de la imaginación, de manera oportuna y adecuada al fin que pretendemos. Se basa en la ley psicológica por la que la imagen posee en sí misma un elemento motor que tiende a traducirse en acción.
NOTA: Las expresiones “lo que creo ser” y otras similares, son inexactas. En realidad todas estas se refieren al personaje, a la personalidad, a la representación del Sí mismo. Un lenguaje exacto sería: “lo que yo creo que es mi personalidad”, el equivoco esta en el empleo del verbo “ser” en lugar del verbo “tener”, que es el único apropiado. Debemos tener bien presente la diferencia fundamental entre el yo esencial permanente e inmutable, el núcleo de identidad transpersonal, el centro de nuestro ser, y sus variadas, cambiantes y parciales “personificaciones”, por medio de las cuales se manifiesta y se exterioriza. Si nuestro YO puede crear, plasmar, modificar, las “imágenes” o los “modelos”, estos no son el YO.
[1] Resumen de textos de Pablo Morales Mancera, fundador del Instituto de Biopsicosíntesis de México A.C.